Abro los ojos lentamente y aún me siento un poco mareada, no entiendo el por qué de esa pequeña sensación, pero es real. De pronto entiendo que estoy en una blanca habitación de hospital y observo que a mi lado está Sara, mi mejor amiga desde el instituto. Me tapa los ojos con un pequeño trapo colorido, así hasta unos dos minutos más tarde, cuando al fin noto la liberación de éste sobre mis ojos. Los abro expectante y encuentro a mis cinco amigas dándome la bienvenida.
-¿Pero, qué hacéis vosotras aquí.
-Pensábamos en darte una sorpresa después de tu pequeño
accidente- dice Isabel, la mayor de las amigas.
-Pues me alegra veros la verdad, las únicas personas que me suelen
visitar son mis padres.
-¡Pues ya estamos aquí! ¿Qué tal estas? –dice efusiva Sara.
-Muy bien, un poco mareada, pero bien.
-Si te encuentras mal, podemos llamar a un doctor, si
quieres- dice María preocupada por su amiga.
-Tranquila, Mery. No te preocupes. ¿Me habréis traído al
menos una tarta, no?
-Claramente y de tu sabor favorito- dice Diana.
-Pero… ¿Qué sabor favorito? Si… no tengo.
-Bueno, entonces te gustará seguro porque la ha elegido
Diana- dice Lucia.
-Pues vamos a comérnosla, ¿No?
Todas me desean felicidades rotundo y me abrazan, están dispuestas a pasarlo genial aunque mi veinte cumpleaños lo pase allí, en una solitaria y pequeña habitación de hospital, soplo las velas. A todas se nos estaba pasando muy rápido todos estos años. ¿Quién iba a decir que hacia casi diecisiete años que nos conocemos? Y es que a pesar de todas las peleas seguíamos unidas y en este 2018 teníamos el mismo propósito.
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