sábado, 6 de julio de 2013

CAPITULO 2. Un día complicado

CAPITULO 2
Por la ventana entran unos rayos de luz con unos coloridos pájaros trinando de fondo, que me señalan el comienzo de las clases. Me preparo muy nerviosa. ¿Cómo van a ser nuevos compañeros? ¿Qué pensarán de mí? Desayuné rápido y aunque me temblaban mucho las manos pude conseguir que no se me cayera la leche al limpio suelo que acaba de fregar mi madre.
 
-Vamos Sonia, no te embobes, que al final vamos a llegar tarde- dice mi madre tranquila.
 
Preparo mi enana mochila con pocas cosas, ya que con mis escasos tres años, no me iba a poner a estudiar. Recojo todo y salgo corriendo hacia mi madre para cogerle su suave mano y dirigirnos hacia mi infierno.
 
Cuando llegamos al gran edificio con todas sus rejas, me resulta una verdadera cárcel. Yo veo  a todos los niños llorando, entonces, cojo fuerzas y entro con dignidad por esa puerta verde que recalcaba un día intenso.
 
Entro muy asustada, sin saber que puede pasar, ¿y si algún niño se acercaba a mi y me pegaba?, que agobio hay en el ambiente. Pero la verdad es que no soy solo yo, todos estaban igual. Hasta que me giro y veo a una preciosa niña con gafas, y con un gran pelo largo y ondulado que recalcaba su cara blanca como la tez.  
 
-¡Hola soy María! Encantada- me estrecha la mano con gran seguridad.
-Ho... Ho.. Hola soy... Sonia.
-¿Quieres que seamos amigas, verdad?
-Si, claro. ¿Por qué no?
Si la analizamos, resulta una pequeña conversación un tanto, ridícula, Pero he de reconocer que estaba nerviosa. Aunque se me daba bien hacer amigos esta vez me estaba resultando un poco mas difícil
 

CAPITULO 1. Un dia especial.

CAPITULO 1
   Abro los ojos lentamente y aún me siento un poco mareada, no entiendo el por qué de esa pequeña sensación, pero es real. De pronto entiendo que estoy en una blanca habitación de hospital y observo que a mi lado está Sara, mi mejor amiga desde el instituto. Me tapa los ojos con un pequeño trapo colorido, así hasta unos dos minutos más tarde, cuando al fin noto la liberación de éste sobre mis ojos. Los abro expectante y encuentro a mis cinco amigas dándome la bienvenida.

-¿Pero, qué hacéis vosotras aquí.
-Pensábamos en darte una sorpresa después de tu pequeño accidente- dice Isabel, la mayor de las amigas.
-Pues me alegra veros la verdad, las únicas personas que me suelen visitar son mis padres.
-¡Pues ya estamos aquí! ¿Qué tal estas? –dice efusiva Sara.
-Muy bien, un poco mareada, pero bien.
-Si te encuentras mal, podemos llamar a un doctor, si quieres- dice María preocupada por su amiga.
-Tranquila, Mery. No te preocupes. ¿Me habréis traído al menos una tarta, no?
-Claramente y de tu sabor favorito- dice Diana.
-Pero… ¿Qué sabor favorito? Si… no tengo.
-Bueno, entonces te gustará seguro porque la ha elegido Diana- dice Lucia.
-Pues vamos a comérnosla, ¿No?
Todas me desean felicidades rotundo y me abrazan, están dispuestas a pasarlo genial aunque mi veinte cumpleaños lo pase allí, en una solitaria y pequeña habitación de hospital, soplo las velas. A todas se nos estaba pasando muy rápido todos estos años. ¿Quién iba a decir que hacia casi diecisiete años que nos conocemos? Y es que a pesar de todas las peleas seguíamos unidas y en este 2018 teníamos el mismo propósito.